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martes, 8 de marzo de 2011

MODULO 2 EL CAMINO DE LA MÚSICA (PARTE 4)

El Camino de la Música (Parte 4)

Música popular de la Edad Media

 Siempre ha existido la música popular, no hay pueblo sin música. Paralelamente al canto monódico de la iglesia, existió una música profana. Sin embargo, esta música parecía muy desagradable y estridente a los tranquilos oídos cristianos, acostumbrados al canto gregoriano, como se relata en una crónica de los primeros siglos de nuestra era, donde se habla de la música popular: “….Entre los pueblos, los galos (ingleses) y los alemanes son los que están menos en situación de adoptar el canto gregoriano. Ello es debido a su ligereza y salvajismo. Las voces ásperas, duras, salvajes, enronquecidas por el alcohol de las gentes de los Alpes, que braman como truenos, no son aptas para la suave modulación….”
Otra crónica escrita en el siglo VII dice: “….Solo son capaces de cantar aquellas suaves melodías en forma parecida al estruendo que hace un carro al bajar rápidamente por una pendiente, de tal manera que en vez de acariciar con su canto, excitan con sus bramidos”….
La música popular que coexistía con la música gregoriana, era de origen pagano y en una época en que el cristianismo luchaba por extenderse, tuvo necesariamente que ser combatida. Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, proscribió en el siglo IX definitivamente los cantos populares y solo reconoció el canto eclesiástico como única expresión de la cultura musical. En esa forma, la música autóctona, o sea aquella música propia de las diferentes regiones, fue relegándose poco a poco a los marginados de la sociedad. Estas tradiciones musicales no se extendieron totalmente, gracias a la existencia de músicos ambulantes que continuamente recogían melodías autóctonas y las divulgaban en sus correrías.

Bardos y Goliardos
En la antigua Grecia existieron unos poetas ambulantes sumamente apreciados, llamados bardos, que recorrían el país cantando poemas clásicos. Los bardos fueron desapareciendo paulatinamente, dejando su lugar a distintos grupos herederos de este género, aunque de prestigio muy diferente. Estos personajes muy curiosos fueron los llamados “clérigos vagantes”. Estos personajes legendarios eran jóvenes que se decían herederos de una tradición sacerdotal. Procedían, según ellos, de una orden sacerdotal fantástica fundada por un tal obispo Golias, por esa razón se llamaban también goliardos.
Aparecieron en tiempos de Carlomagno, y agrupaban personas de todas las nacionalidades. Los goliardos sabían leer y escribir, y generalmente, hasta donde se ha podido saber, aplicaban cantos regionales a las poesías cuyos textos podían ser graciosos, burlescos, y hasta obscenos y escandalosos. Aunque conocían la lengua oficial, el latín, les gustaba convertirlo en un lenguaje deformado y vulgar, pero simpático.

Juglares
 Con frecuencia los clérigos vagantes eran seguidos e imitados por otro tipo de personajes llamados juglares; los juglares recibieron diferentes nombres según las regiones: guibilari, juglares, jougeurs, menestriers, ministrels, etc. Eran además de músicos, hábiles malabaristas y saltimbanquis. Divertían a la gente con su gran variedad de habilidades, a cambio de una copa de vino, unas monedas o albergue. Como los goliardos, los juglares vagaban siempre de un sitio a otro, ya que la poca extensión de su repertorio los obligaba a ir en busca de un nuevo auditorio para sus gracias.
Los juglares eran objeto de continuas persecuciones, pues su existencia era desaprobada no solo por las autoridades de la iglesia, sino también por las civiles. A pesar de ser desaprobados públicamente, eran muy apreciados por el pueblo, ya que hablaban el lenguaje musical propio del pueblo mismo.
Es muy probable que la mayor parte de los juglares no compusieran sus canciones, sino que solo aplicaban sus composiciones poéticas en latín vulgar a melodías ya conocidas.
Al paso del tiempo, con el incremento de la tradición juglaresca, las persecuciones cesaron y ya para el siglo XI, los juglares mas notables eran recibidos en las cortes, y con frecuencia se veía  a un caballero noble haciéndose acompañar por un juglar.

Trovadores
 Muy pronto los juglares contagiaron a los señores de la corte, lo que dio origen a los trovadores, que eran caballeros cortesanos que imitaban a los juglares.
El movimiento de los trovadores nació en el sur de Francia, llamado entonces “tierra de Oc.”, y rápidamente se extendió al resto de Francia y Europa. Se supone que los trovadores, o al menos la mayor parte de ellos, a diferencia de los juglares, componían a la vez la letra y la música de sus canciones, que en sus manos adquirieron matices más delicados.

Las Cruzadas y su influencia
 Las cruzadas, iniciadas en el año de 1095, facilitaron que se ampliara el radio de acción de los trovadores, con los continuos y largos viajes de los caballeros guerreros. Los trovadores, jóvenes de origen noble, cuya educación con frecuencia era confiada a algún monje, absorbieron el sentido espiritual de la cultura de la iglesia y lo incorporaron a sus cantos. Pero muy pronto los trovadores, que con frecuencia cantaban a la Virgen María,  con parecido respeto y admiración volvieron los ojos hacia sus damas, dando origen a un género riquísimo de canciones de amor profano. En igual forma, de los himnos a las imágenes sagradas, muy pronto se derivaron cantos heroicos, así como leyendas e historias tristes del campo de batalla, historias de fidelidad en la amistad, lucha por un ideal, etc.
El carácter de las canciones de los trovadores, se comprueba por el nombre que estos “poetas musicales” recibieron en Alemania: “minnesinger”, que significa cantores de amor.
La llegada de un trovador a la corte era un feliz acontecimiento que venia a alegrar la triste y fría vida de los castillos solitarios, aislados por la necesidad de defenderse de los ataques de los demás estados feudales.
Los trovadores tuvieron gran popularidad por los temas profanos de sus canciones. Su producción fue muy grande. Se conocen más de 400 nombres de trovadores (oriundos del sur de Francia), y 260 de sus canciones. De los troveros (trovadores del norte de Francia) se conocen cerca de 2,000 canciones. Al entonar su música, los trovadores se hacían acompañar, generalmente, por un arpa o laúd, o por un órgano portátil, que es un instrumento profano de muy antiguo origen.
Por su contenido, las canciones de los trovadores pueden dividirse en los siguientes grupos:
a). Historias cantadas o canciones de gesta, llamadas también canciones de telar o rueca. En ellas se narraban hechos heroicos, largas historias de amantes lejanos, o historias de ambiente pastoril.
b). Canciones de amor. c). Canciones de carácter político y satírico, y d). Canciones piadosas.
En cuanto a su forma, podían ser: a). Canciones con estribillo. Por estribillo se entiende por ejemplo, el trozo “Mexicanos al grito de guerra…..” de nuestro Himno Nacional que se intercala con las estrofas. b). Canciones sin estribillo y c). Canciones con estribillo diferente entre cada estrofa.
El estribillo y la estrofa, son los elementos que más tarde darán origen a las estructuras musicales de nuestros tiempos.
El papel de los trovadores influyo grandemente en la estructura de la música. Los juglares y los trovadores relataban sus canciones en verso, lógicamente tenían que ajustar los patrones musicales a la estructura poética.
Naturalmente existía también música de danza, que se distinguía por su regularidad rítmica necesaria para bailar.

Reyes Trovadores
 Entre los trovadores hubo algunos reyes que se distinguieron por su inspiración y talento. Entre ellos se destacan: Ricardo Corazón de León y Alfonso X el Sabio (1221-1289), Rey de Castilla y de León, autor de las Cantigas de Santa Maria.
En forma paralela al desarrollo de esta música profana, el latín iba paulatinamente desapareciendo, y dando origen a las lenguas vulgares, en las que los últimos trovadores escribieron sus canciones.






Colaboración de: Miguel Ángel González Plata (guitarrista de *Golden Years Band*)

miércoles, 2 de marzo de 2011

MODULO 2 EL CAMINO DE LA MUSICA (PARTE 3)


EL CAMINO DE LA MUSICA (PARTE 3)

La música occidental es totalmente diferente a la oriental. Pero es en Oriente donde debemos buscar las raíces de nuestra música.

La música de los primeros cristianos

La música de los primeros cristianos es música eminentemente oriental. En el año 54 después de Cristo, San Pedro fundo en Roma la sede del cristianismo, y la ebullición subterránea de este nuevo espíritu en las catacumbas de Roma, impulsó a los primeros cristianos a alabar a Dios por medio de cánticos.
Sin embargo, la música romana de la época estaba asociada a la vida pagana y superficial que llevaban la mayor parte de los romanos. Por ello los primeros cristianos no adoptaron estos cánticos para acompañar sus oraciones, y fácilmente se sintieron subyugados por el carácter de las melodías orientales que San Pedro introdujo a Roma.
Los salmos son cantos de origen Hebreo con letra tomada del antiguo testamento, y los himnos, son canciones de alabanza de origen griego. Estos cánticos de origen oriental, introducidos a Roma, estaban basados en una melodía, sin acompañamiento de ninguna clase, y fueron la base del desenvolvimiento de la música durante mil años.
Los cristianos tenían la costumbre de reunirse en un día determinado al amanecer, para alabar a Cristo, con un canto alterno, que es el que se desarrolla entre dos coros, uno de los cuales responde al otro. En la liturgia católica, el canto alterno recibe el nombre de antífona y se canta con la participación de dos coros, ó bien, con un solista y la congregación.

Los Himnos de San Ambrosio

En el año de 323 d.C. Constantino declaro el cristianismo como religión oficial. Este suceso acelero la propagación de la fe cristiana por todo el imperio romano, y la nueva música cristiana fue un arma poderosa para catequizar a las tribus bárbaras de tierras europeas. San Ambrosio, Obispo de Milán (333-397 d.C.), influyo grandemente en el desarrollo de esta música, al introducir de Antioquia una serie de cánticos en forma de antífona. Compuso también himnos de gran encanto melódico de carácter popular.
Los himnos de San Ambrosio, más los ya existentes, pronto se divulgaron por toda Italia, e inspiraron la creación de otros nuevos. Algunos de estos himnos, aun se cantan en la Catedral de Milán.

Antifonario del Canto Gregoriano
 
El imperio romano, en aquellos tiempos, sufría constantemente agresiones por parte de los pueblos bárbaros, con las consecuentes migraciones de sus pobladores. Esta situación provoco una dispersión muy desordenada de estas melodías, además de la alteración natural producida por el gusto de los habitantes de cada región
En el año 600, después de haberse disuelto el imperio romano de Occidente, el Papa San Gregorio Magno se preocupo de la dispersión de estos cantos cristianos y ordeno una recopilación y ordenación de ellos. Esta agrupación contenía variantes de todas las melodías de la Iglesia Católica primitiva, y constituye hasta hoy, el canto litúrgico católico oficial, que sigue teniendo los elementos orientales, hebreos y griegos de su origen.
Este conjunto de melodías constituye el Antifonario del Canto Gregoriano, llamado así en honor de San Gregorio. Los elementos que lo integran son melodías propias para cada uno de los actos litúrgicos y las fiestas de la Iglesia. Es por así decirlo, el lenguaje típico de la Iglesia Católica, y se canta en latín.

Durante muchos siglos, el Antifonario original permaneció atado al altar de San Pedro, pero posteriormente se perdió. A fines del siglo XIX, se organizo en Francia una verdadera cruzada a favor del canto llano, como también se le llama al canto gregoriano. Después de muchos esfuerzos en la búsqueda de los más antiguos manuscritos, se reconstruyeron las melodías con toda su pureza primitiva. El Papa Pío X confió a los monjes benedictinos de la abadía de Solesmes, la misión de organizar una edición de esos cánticos, que se llamo Edición Vaticana del Canto Gregoriano. Esta edición se hizo oficial el 22 de noviembre de 1903, cuando el canto gregoriano quedo reconocido como canto oficial de la Iglesia Católica. En la actualidad, algunos actos litúrgicos de la Iglesia Católica se acompañan por melodías gregorianas entonadas, como toda la música gregoriana en latín.

Fundación de las Escuelas de Canto


Alrededor del siglo VIII se hizo evidente la necesidad de fundar hermandades monacales donde se entrenaran monjes que supieran ejecutar con la mayor pureza todos estos cánticos espirituales. Estas hermandades se llamaron “Schola Cantorum” y se fundaban en las abadías, conventos, capillas o catedrales.
Una de las más famosas y la más importante en el ejercicio de la música durante toda la Edad Media, fue la Schola Cantorum de la Abadía de San Gall, fundada en el año 720, en una región de la Suiza actual, y muy pronto se convirtió en el modelo de toda la ejecución del canto gregoriano de la época.

La Leyenda del Monasterio de San Gall

Cuenta la leyenda que siendo Carlomagno emperador de los francos (año 768 d.C.), después de haber impuesto la unidad de fe y rito en todo su inmenso reino, pensó que era necesario mandar traer una copia autentica del Antifonario del Canto Gregoriano, para unificar así la forma de entonar esos cánticos, ya que cada pueblo quería cantar “a su manera”. Recordemos que aun no hablamos de escritura musical; la ejecución de estos cánticos se transmitía oralmente ayudada solamente por ciertos signos llamados “neumas”.
Ante la petición de Carlomagno, el Papa Adriano comisiono a dos monjes, Pedro y Romano, para que llevaran desde Roma copias del autentico antifonario. Uno de ellos Romano, enfermo en una etapa de su viaje y se quedo en el monasterio de San Gall con una copia del antifonario que fue rápidamente reproducida por los monjes. Fue así como San Gall, destinada a ser un gran núcleo cultural de la época, se convirtió en un importante centro del canto litúrgico autentico, y es allí donde surgirán algunas innovaciones importantes de la música.

Monodia y Ritmo Libre

 Todos los cánticos son monódicos, es decir, consisten en una sola línea melódica, sin armonía y sin acompañamiento alguno. La melodía puede ser entonada por una persona ó por un grupo de cien, por decir algo, sin perder su carácter monódico.
El canto gregoriano no tiene “medida”, no esta organizado en un esquema preciso de igual duración donde se agrupan los sonidos: esta basado en lo que podemos llamar ritmo libre. Los sonidos se reúnen en grupos de dos o tres, pero su sucesión es libre. Se cantan con acentos naturales que equivalen a los acentos naturales que se hacen al hablar, sin un lugar fijo de colocación. En cambio en poesía, los acentos recurren cada cierto tiempo.
Los modos del canto gregoriano están basados en los modos griegos que mencionamos anteriormente, pero en sentido inverso, ya que en el canto gregoriano las escalas son ascendentes. De ellos utilizaban cuatro, equivalentes a las escalas resultantes de las notas blancas del teclado yendo de Re a Re, de Mi a Mi, de Fa a Fa, y de Sol a Sol. Estos se llamaban modos auténticos, en contraposición a otros, llamados plagales.


Neumas


 La notación de toda la música griega era a base de letras, mientras que la notación del canto gregoriano era a base de “neumas”, pequeños signos, puntos y acentos que se escribían sobre los textos, agrupándose ó distanciándose, como un recurso para que los cantantes, que ya habían recibido la melodía por tradición, pudieran entonarla con mayor precisión rítmica. Esta notación musical, seguía siendo un recurso nemotécnico solamente, estando muy lejos aun de la moderna escritura musical.
Las melodías gregorianas son de honda inspiración religiosa y comunican una gran paz. Hablan de un mundo extraterreno y se pueden definir como una gran concentración de lo espiritual, donde se encierra la esencia del cristianismo.


Colaboración de: Miguel Ángel González Plata (guitarrista de *Golden Years Band*)