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sábado, 19 de marzo de 2011

MODULO 2 EL CAMINO DE LA MUSICA (PARTE 5)

El Camino de la Música (Parte 5)

La música eclesiástica transformada por el pueblo.

El pueblo, por su parte, al tiempo que se desarrollaba la música de los trovadores, iba poco a poco haciendo suya la música de liturgia.
En la Abadía de San Gall, dos monjes, Tutilo y Notker Balbulis, idearon formas de simplificar para el pueblo algunos cánticos de por si complicados por medio de trucos ingeniosos, llamados secuencias y tropos.



Melismas
Los cantos melismáticos gregorianos (música oficial de la iglesia, y única permitida), eran de ejecución sumamente complicada, pues no siempre correspondía una silaba a una nota, sino que por lo general, a una sílaba le correspondían una serie de notas (sonidos), en la siguiente forma:




Naturalmente, entonar toda esa serie de “adornos” (ornamentos musicales) resultaba demasiado complicado para el pueblo, que no podría aprenderse de memoria tanta complicación. Fue por eso que los monjes de la Abadía de San Gall, Tutilo y Notker, idearon formas de facilitar estas melodías, acomodando a estos adornos musicales, llamados melismas, textos diferentes a la repetición de las vocales, en la siguiente forma:




Tropos, originados en el Kyrie eleison” (Señor ten piedad)

Muy pronto estos melismas se empezaron a rellenar, no ya en latín, sino en lenguajes vulgares, y los textos nuevos crecieron desmesuradamente. Una consecuencia increíble de los tropos, fue el desarrollo gradual que fueron teniendo los textos que se intercalaban, a tal grado que dieron origen a verdaderas representaciones teatrales en los atrios de las iglesias; los misterios o Autos Sacramentales.



Origen del Teatro
Después, como una derivación de los misterios, aparecieron otras representaciones de índole popular y profana llamados “Jeux” o juegos. El jeu más antiguo es el “Jeu de Robin y Marion”, (juegos de Robin y Marion) atribuido a Adam de la Halle, de fines del siglo XIII: Esta obra es una especie de popurrí, integrado por todos los aires de danza y francachelas de la época, que hasta hace poco tiempo representaban anualmente los estudiantes de Soborna.

A la par que se extendía la música de los trovadores y que se popularizaba la música eclesiástica, se iba haciendo necesario inventar sistemas mejores de escritura musical, ya que la notación gregoriana, a base de neumas, resultaba insuficiente.
Primero se utilizaron dos líneas para escribir los sonidos, una roja y una amarilla, donde se escribían el Fa y el Do; las demás notas se entonaban en relación a estas.
El número de líneas fue variando mucho hasta que posteriormente quedo determinado.


Guido D’Arezzo
Por esos tiempos, en el año de 1025, Guido D’Arezzo, gran teórico musical italiano, al entonar un himno a San Juan, observo que la primera silaba de cada verso empezaba un grado de la escala (teclas blancas) más arriba del anterior, y decidió llamar a cada uno de estos sonidos de acuerdo con la silaba que le correspondía.
El texto de este himno (para pedirle a San Juan la preservación de la voz), decía:

Ut quaent laxis
Resonare fibris
Mira gestorum
Famuli tuorum
Solve poluti
Labi reatum
Sancte loanis

El resultado fue la sucesión ascendente: ut (do), re, mi, fa, sol, la.
Hay que aclarar que las escalas de aquella época tenían solamente 6 notas; la séptima fue un agregado posterior.
Fue en el siglo XII, cuando apareció una forma de representar la duración de los sonidos.

Canción Popular

Todos estos progresos coincidieron con el desarrollo de las lenguas vulgares (las lenguas de las diferentes naciones que fueron substituyendo al latín) y con el nacimiento y desarrollo de la canción popular. La música popular, como la mayor parte de la música, fue el resultado de la mezcla de restos de música autóctona y de música cristiana o canto gregoriano.


Instrumentos
Los instrumentos que acompañaban casualmente la música popular de esta época, eran principalmente laúdes, salterios, órganos portátiles, arpas, y algunos instrumentos rudimentarios de cuerda con arco: Recordemos que simultáneamente con esta música, la música religiosa se ejecutaba sin ningún acompañamiento instrumental, ya que los instrumentos, por sus orígenes paganos, eran considerados como indeseables por las autoridades eclesiásticas.
Este género de inspiración libre, espontánea, y natural, de parte del pueblo mismo, tomo gran importancia en el siglo XIV, en tal forma que se considera el año 1300, como la cuna de la canción popular.

Crónica de Limburgo

Una crónica de 1370, llamada Crónica de Limburgo, relata que un monje leproso que vivía en una isla del Main, “era el autor de las mejores canciones del mundo de la poesía y la música, que cantaba la gente con verdadero placer”.
Este florecimiento de la canción popular fue muy notable en Alemania, donde hay una colección de canciones, verdaderas joyas musicales de la época, agrupadas en el Cancionero de Manheim, que data de la primera mitad del siglo XV.


Colaboración de: Miguel Ángel González Plata (guitarrista de *Golden Years Band*)

martes, 8 de marzo de 2011

MODULO 2 EL CAMINO DE LA MÚSICA (PARTE 4)

El Camino de la Música (Parte 4)

Música popular de la Edad Media

 Siempre ha existido la música popular, no hay pueblo sin música. Paralelamente al canto monódico de la iglesia, existió una música profana. Sin embargo, esta música parecía muy desagradable y estridente a los tranquilos oídos cristianos, acostumbrados al canto gregoriano, como se relata en una crónica de los primeros siglos de nuestra era, donde se habla de la música popular: “….Entre los pueblos, los galos (ingleses) y los alemanes son los que están menos en situación de adoptar el canto gregoriano. Ello es debido a su ligereza y salvajismo. Las voces ásperas, duras, salvajes, enronquecidas por el alcohol de las gentes de los Alpes, que braman como truenos, no son aptas para la suave modulación….”
Otra crónica escrita en el siglo VII dice: “….Solo son capaces de cantar aquellas suaves melodías en forma parecida al estruendo que hace un carro al bajar rápidamente por una pendiente, de tal manera que en vez de acariciar con su canto, excitan con sus bramidos”….
La música popular que coexistía con la música gregoriana, era de origen pagano y en una época en que el cristianismo luchaba por extenderse, tuvo necesariamente que ser combatida. Ludovico Pío, hijo de Carlomagno, proscribió en el siglo IX definitivamente los cantos populares y solo reconoció el canto eclesiástico como única expresión de la cultura musical. En esa forma, la música autóctona, o sea aquella música propia de las diferentes regiones, fue relegándose poco a poco a los marginados de la sociedad. Estas tradiciones musicales no se extendieron totalmente, gracias a la existencia de músicos ambulantes que continuamente recogían melodías autóctonas y las divulgaban en sus correrías.

Bardos y Goliardos
En la antigua Grecia existieron unos poetas ambulantes sumamente apreciados, llamados bardos, que recorrían el país cantando poemas clásicos. Los bardos fueron desapareciendo paulatinamente, dejando su lugar a distintos grupos herederos de este género, aunque de prestigio muy diferente. Estos personajes muy curiosos fueron los llamados “clérigos vagantes”. Estos personajes legendarios eran jóvenes que se decían herederos de una tradición sacerdotal. Procedían, según ellos, de una orden sacerdotal fantástica fundada por un tal obispo Golias, por esa razón se llamaban también goliardos.
Aparecieron en tiempos de Carlomagno, y agrupaban personas de todas las nacionalidades. Los goliardos sabían leer y escribir, y generalmente, hasta donde se ha podido saber, aplicaban cantos regionales a las poesías cuyos textos podían ser graciosos, burlescos, y hasta obscenos y escandalosos. Aunque conocían la lengua oficial, el latín, les gustaba convertirlo en un lenguaje deformado y vulgar, pero simpático.

Juglares
 Con frecuencia los clérigos vagantes eran seguidos e imitados por otro tipo de personajes llamados juglares; los juglares recibieron diferentes nombres según las regiones: guibilari, juglares, jougeurs, menestriers, ministrels, etc. Eran además de músicos, hábiles malabaristas y saltimbanquis. Divertían a la gente con su gran variedad de habilidades, a cambio de una copa de vino, unas monedas o albergue. Como los goliardos, los juglares vagaban siempre de un sitio a otro, ya que la poca extensión de su repertorio los obligaba a ir en busca de un nuevo auditorio para sus gracias.
Los juglares eran objeto de continuas persecuciones, pues su existencia era desaprobada no solo por las autoridades de la iglesia, sino también por las civiles. A pesar de ser desaprobados públicamente, eran muy apreciados por el pueblo, ya que hablaban el lenguaje musical propio del pueblo mismo.
Es muy probable que la mayor parte de los juglares no compusieran sus canciones, sino que solo aplicaban sus composiciones poéticas en latín vulgar a melodías ya conocidas.
Al paso del tiempo, con el incremento de la tradición juglaresca, las persecuciones cesaron y ya para el siglo XI, los juglares mas notables eran recibidos en las cortes, y con frecuencia se veía  a un caballero noble haciéndose acompañar por un juglar.

Trovadores
 Muy pronto los juglares contagiaron a los señores de la corte, lo que dio origen a los trovadores, que eran caballeros cortesanos que imitaban a los juglares.
El movimiento de los trovadores nació en el sur de Francia, llamado entonces “tierra de Oc.”, y rápidamente se extendió al resto de Francia y Europa. Se supone que los trovadores, o al menos la mayor parte de ellos, a diferencia de los juglares, componían a la vez la letra y la música de sus canciones, que en sus manos adquirieron matices más delicados.

Las Cruzadas y su influencia
 Las cruzadas, iniciadas en el año de 1095, facilitaron que se ampliara el radio de acción de los trovadores, con los continuos y largos viajes de los caballeros guerreros. Los trovadores, jóvenes de origen noble, cuya educación con frecuencia era confiada a algún monje, absorbieron el sentido espiritual de la cultura de la iglesia y lo incorporaron a sus cantos. Pero muy pronto los trovadores, que con frecuencia cantaban a la Virgen María,  con parecido respeto y admiración volvieron los ojos hacia sus damas, dando origen a un género riquísimo de canciones de amor profano. En igual forma, de los himnos a las imágenes sagradas, muy pronto se derivaron cantos heroicos, así como leyendas e historias tristes del campo de batalla, historias de fidelidad en la amistad, lucha por un ideal, etc.
El carácter de las canciones de los trovadores, se comprueba por el nombre que estos “poetas musicales” recibieron en Alemania: “minnesinger”, que significa cantores de amor.
La llegada de un trovador a la corte era un feliz acontecimiento que venia a alegrar la triste y fría vida de los castillos solitarios, aislados por la necesidad de defenderse de los ataques de los demás estados feudales.
Los trovadores tuvieron gran popularidad por los temas profanos de sus canciones. Su producción fue muy grande. Se conocen más de 400 nombres de trovadores (oriundos del sur de Francia), y 260 de sus canciones. De los troveros (trovadores del norte de Francia) se conocen cerca de 2,000 canciones. Al entonar su música, los trovadores se hacían acompañar, generalmente, por un arpa o laúd, o por un órgano portátil, que es un instrumento profano de muy antiguo origen.
Por su contenido, las canciones de los trovadores pueden dividirse en los siguientes grupos:
a). Historias cantadas o canciones de gesta, llamadas también canciones de telar o rueca. En ellas se narraban hechos heroicos, largas historias de amantes lejanos, o historias de ambiente pastoril.
b). Canciones de amor. c). Canciones de carácter político y satírico, y d). Canciones piadosas.
En cuanto a su forma, podían ser: a). Canciones con estribillo. Por estribillo se entiende por ejemplo, el trozo “Mexicanos al grito de guerra…..” de nuestro Himno Nacional que se intercala con las estrofas. b). Canciones sin estribillo y c). Canciones con estribillo diferente entre cada estrofa.
El estribillo y la estrofa, son los elementos que más tarde darán origen a las estructuras musicales de nuestros tiempos.
El papel de los trovadores influyo grandemente en la estructura de la música. Los juglares y los trovadores relataban sus canciones en verso, lógicamente tenían que ajustar los patrones musicales a la estructura poética.
Naturalmente existía también música de danza, que se distinguía por su regularidad rítmica necesaria para bailar.

Reyes Trovadores
 Entre los trovadores hubo algunos reyes que se distinguieron por su inspiración y talento. Entre ellos se destacan: Ricardo Corazón de León y Alfonso X el Sabio (1221-1289), Rey de Castilla y de León, autor de las Cantigas de Santa Maria.
En forma paralela al desarrollo de esta música profana, el latín iba paulatinamente desapareciendo, y dando origen a las lenguas vulgares, en las que los últimos trovadores escribieron sus canciones.






Colaboración de: Miguel Ángel González Plata (guitarrista de *Golden Years Band*)